Miedo escénico

Las situaciones en las que tenemos que exponernos a una evaluación externa habitualmente nos generan ansiedad; si tenemos que demostrar lo bien que hacemos algo normalmente puede ocurrirnos lo que habitualmente conocemos como miedo escénico.

Nuestros sistemas psicofisiológicos de alerta se activan, nos preparamos para el rendimiento y la ejecución. Ya sea hablar en público, hacer un casting, llevar a cabo una presentación delante de una audiencia o representar el papel o tocar la pieza musical que llevamos tanto tiempo ensayando…El problema surge cuando esa ansiedad que nos provoca “salir al escenario” es demasiado elevada y nos genera dudas, titubeos, nos bloqueamos y nos quedamos “en blanco”, se nos olvida aquello que nos habíamos preparado, se nos atenazan los músculos y nos quedamos paralizados…La activación deja de ser positiva y de “prepararnos para” y se convierte en una vivencia angustiosa que nos “impide”.

Como en cualquier manifestación de la ansiedad, podemos distinguir tres tipos de respuestas que pueden suponer un problema:

  • Respuesta fisiológica: sudor, palpitación, dificultad para respirar, hormigueo, tensión muscular, etc…
  • Respuesta cognitiva: preocupación, anticipación catastrófica de las consecuencias, rumiaciones y obsesiones, etc…
  • Respuesta conductual o motora: movimientos repetitivos, tics, falta de precisión, etc…

Y, quizás, el elemento que hace que todo esto sea más perturbador es la sensación de no poder controlar lo que nos está ocurriendo.

Es habitual escuchar que la solución a este tipo de problemas está en no evitar las situaciones que los producen, enfrentarnos a ellas y superarlas con éxito. Estoy totalmente de acuerdo, el camino pasa necesariamente por enfrentarse. La cuestión radica en cómo nos enfrentamos a esas situaciones. Si “apretamos los dientes y nos tiramos a la piscina sin pensarlo” es posible que consigamos, más o menos, nuestro objetivo; la desventaja es que podemos estar sometiendo a nuestro cuerpo y a nuestra mente a una tensión y un estrés extremos que pueden acabar cronificando nuestra dificultad. Es necesario aumentar, en la mayor medida posible, nuestros recursos y minimizar las fuentes de amenaza. Podemos entender que el miedo aparece cuando, en nuestra valoración interna, la amenaza supera a los recursos de los que disponemos para enfrentarla. Será necesario, por tanto, analizar qué supone una amenaza y cuáles son nuestros recursos, dado que podemos aumentar ficticiamente el peso de la amenaza y los recursos que no sabemos que tenemos no son, al fin y al cabo, recursos.

Hay también otras cuestiones que suelen aumentar el riesgo de sufrir un episodio tan perturbador como el que estamos describiendo: una alimentación desequilibrada, estar durmiendo mal y poco, el consumo de drogas, la falta de ejercicio físico…es decir, cualquier dimensión relacionada con los hábitos que esté debilitando la resistencia de nuestro organismo y que, por tanto, pueda hacer que estemos más débiles para afrontar este tipo de situaciones estresantes. Cuanta menos vulnerabilidad fisiológica tengamos, mayor será la carga de estrés psicológico que podamos soportar sin generar síntomas desagradables y caer en el miedo escénico.

¿Cuál es la imagen que tengo de mí mismo? ¿Cómo soy de exigente y de perfeccionista? ¿He vivido situaciones en mi pasado en las que haya sido evaluado negativamente? Es fundamental revisar también este tipo de factores para ver cómo pueden estar influyendo en la situación actual, ser conscientes del peso que nos suponen y aprender a liberarnos de las limitaciones a las que nos imponen.

En terapia suelo enfocar todos estos aspectos previamente mencionados, junto con entrenamiento en mindfulness y relajación y la aplicación de técnicas de integración cerebral para reducir el malestar emocional y provocar una rápida mejora. Con la sincronización de los hemisferios cerebrales (método SHEC) rastreamos las situaciones vitales que han dado origen a este miedo escénico y que han alimentado esta dificultad para, una por una, ir “limpiando” el malestar emocional y la hiperactivación fisiológica que va asociados. De esta forma, la ansiedad disminuye y el rendimiento mejora rápidamente.

José Álvarez
Psicoterapeuta en Espacio Crecimiento

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